
Soy el resultado de una obra de teatro sin final exacto, donde un actor que soy yo interpreta muy bien su papel. Ante el público todo es normalidad y buen sabor de boca, por dentro un poco podrido y lleno de ansiedad. Con una gran casa a cuestas que no puedo quitar de encima y que cada día parece que me aplasta un poco más.
Cuando se cierra el telón y no hay más función se me moja el guión de sufrimiento. Y es cuando se muestra la verdadera cara. Dentro del vestuario repaso mis líneas y sobrescribo sobre ellas, recordando días en que sólo representaba comedias e historias de amor, dándome cuenta que ahora represento tragedias llenas de melancolía.
Pero el show debe continuar...
Y aquí me veo, saliendo a escena como un buen profesional, sacudiendo mis penas con cada línea interpretada. Haciendo estremecer al público con cada gesto histriónico. Es mi condena por ser actor y guionista.
Espero poder escribir otra obra...
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