viernes, 11 de enero de 2008

2008


Tal y como lo había pensado, las celebraciones de hace tan sólo unos días han pasado casi desapercibidas. Por supuesto me he reído mucho, he recordado mucho y he tenido momentos "mágicos" en los que la memoria hacía de las suyas y me transportaba a escenarios muy diferentes de los que me encontraba en ese momento. Todos mis sentidos por instantes no lograron encontrar aquello a lo que están acostumbrados a encontrar en épocas como ésta, pero como siempre digo a todo se acostumbra uno. Un poco de arrepentimiento he tenido porque por ahí dicen que me he negado la oportunidad de estar más cerca de los míos, pero debo agregar que luego me he dicho a mi mismo que tenemos que ser responsables de nuestros actos, eso, y también que después de todo, lo que hice tiene una muy justificada razón; por nada del mundo me siento mal por la decisión que tomé. Al contrario, estoy muy feliz de haberme quedado en mi "segunda casa"...tenía que estar aquí, tenía que estar junto a ese ser que me hace especial.
Después de unos días lejos del redil(de mi casa) los días han transcurrido muy bien, todo este tiempo que ha pasado me ha servido para conocer más a fondo a esa persona que hay dentro de mi y que muchas veces creí conocer, pero, como suele pasar, me equivoqué, porque hay aspectos demasiados desconocidos...
Estos días me han servido para desconectar, para sumergirme en esa persona que me hace feliz, para conocerla también a ella, a enfadarme, aprendí a reír más. He aprendido mil formas de decir "Lo siento".He aprendido a decir de nuevo "te quiero". He aprendido a hablar por dos, a pensar no sólo para mi. He aprendido a dividirme. He aprendido a valorar más sus caricias, el tacto de sus labios y su calor se ha unido con el mío de tal forma que siento frío si está lejos. He aprendido a querer programar un futuro más extenso. En mi espacio personal se nota un nuevo lugar que ha tomado protagonismo, es su sitio. Es un sitio privilegiado. Algunos días han dolido de verdad, han sido muy duros, teñidos de lágrimas. Pero así como hubo días casi grises, la mayoría de ellos tuvieron inimaginablemente ausencia de errores . Mejorables eso sí, pero sin posibilidad de ser menos que perfectos. Pese a todo lo negativo que pudimos encontrarnos en el transcurso de estos días, esta convivencia ha sido una de las mejores que en mucho tiempo he tenido.
A esa persona, al amor de mi vida, tengo que agradecerle cada gesto, cada detalle, cada momento de paciencia, cada lágrima, cada mirada, cada beso, cada momento junto a mi, cada sonrisa, cada palabra de aliento, cada palabra de amor...
Este año que ha terminado se lleva consigo el recuerdo de experiencias nuevas, de recuerdos dulces y metas alcanzadas(pese a tropezones) de nuevos objetivos propuestos y metas por cumplir. Otra vez comienza la cuenta atrás, con la esperanza, sí, de que sea mejor...
Bienvenido dos mil ocho

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